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Los peces de oro que nacieron de una insulsa carpa

Las tiendas de acuariofilia son fascinantes. Cientos de alevines de las más diversas especies minúsculos, brillantes y de colores llamativos nadan en las peceras ajenos a los ojos asombrados de los visitantes meciendo sus aletas tan suavemente como una bailarina de danza del vientre sus pañuelos de gasa.

Entre las muchísimas especies destacan las carpas doradas, peces oro o goldfish. Son símbolo de buena fortuna, paz y amistad en China. Son los típicos peces de principiantes porque son fáciles de cuidar, muy resistentes y de agua fría. En su mayoría son pequeños, de unos 9 centímetros, aunque los hay enormes, como el más grande del mundo según el libro Guiness de los Records, que mide 47,4 centímetros. Son color negro, naranja, blanco brillante o calico, una mezcla de todos. A pesar de tener formas redondeadas, un cuerpo rechoncho, nadando son elegantes y sus colas abanican el agua con suavidad.

Existen centenares de variedades. Entre ellas figuran el pez cabeza de león -con unas protuberancias carnosas en la cabeza que le nacen a los dos años de vida-, el ojos de burbuja -que tiene bajo los ojos sacos de piel que se llenan de líquido- , el cola de abanico -con una espectacular aleta caudal más grande que su cuerpo-, el telescopio -con ojos que sobresalen de la cabeza por los laterales-, con joroba, como el ryukin, o boina roja.

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Celacantos, fósiles vivientes con futuro

Los celacantos son fósiles vivientes. Llevan anclados en el pasado, con el mismo aspecto desde el Devónico Medio, hace unos 370 millones de años. Este periodo está apodado como la Era de los Peces. En esos años se diversificaron y algunos empezaron a conquistar tierra firme.

De ese último tipo de peces son los celacantos. Sus aletas tienen un diseño muy primitivo entre remo y pata. Tienen lóbulos carnosos en la base y pueden girar y moverse alternativamente. Son peces enormes, miden casi dos metros, alcanzan los 90 kilos de peso. Su piel es de color gris azulado cubierto con unas gruesas escamas.

Aspecto de la Tierra en el Devónico (Imagen: Ron Blakey)

Aspecto de la Tierra en el Devónico (Imagen: Ron Blakey)

Los descubrió por casualidad la bióloga Marjorie Courtenay-Latimer cuando daba un paseo por los muelles de la ciudad sudafricana de East London en 1938. Entre la pesca descargada por una barca descubrió un pez que no había visto nunca. Ella lo describió en su diario como el pez más bonito que había visto jamás. Poco después se dio cuenta de que era un celacanto, un animal que se creía extinguido hace unos 70 millones de años, porque no han encontrado restos fósiles posteriores.

Apuntes de Marjorie Courtenay-Latimer

Apuntes de Marjorie Courtenay-Latimer

Desde entonces se ha confirmado la existencia de dos poblaciones estables. Una en las islas Comoras, frente a la costa oriental de África, en el Océano indico, descubierta en 1952, gracias a los esfuerzos del ictiólogo de la Universidad Rhodes J. L. B. Smith, colega de Courtenay-Latimer. Y hace bien poco, en 1998 el biólogo , Mark V. Erdmann de la Universidad de California en Berkeley encontró ejemplares a 10.000 kilómetros de África en las islas Islas Célebes (Indonesia).

A pesar de que parecen congelados en el tiempo y que hay pocos ejemplares, un equipo de científicos alemanes ha estudiado su material genético y aseguran que tienen futuro. Que se están adaptando a los cambios del entorno y diversificándose. Han averiguado que no solo hay diferencias entre los celacantos indios (Latimeria menadoensis) y los africanos (Latimeria chalumnae), sino que entre estos últimos hay pequeñas poblaciones con diferencias claras. Han estudiado el ADN de esta población africana, que está compuesta por tan solo 71 ejemplares adultos. Y han descubierto que están evolucionando, y que ya hay dos subpoblaciones bien diferenciadas, una en Sudáfrica y otra en Tanzania.

El estudio lo ha encabezado el biólogo Hans Fricke, fascinado por los celacantos desde que de niño leyó el libro del citado J.L.B. Smith, ‘Cuatro viejas patas’. En 1975 viajó con una expedición de la Royal Society hasta las islas Comoras para verlos. Buceó con bombonas y no vio nada, así que pensó que debían estar más hondo de lo que él alcanzó y decidió impulsar la creación de un submarino para captar imágenes de los animales.

Mano a mano con ingenieros suizos creó el sumergible JAGO y con él tomó las primeras imágenes de celacantos en su medio natural en 1986. Gracias a ello descubrió que los celacantos viven en aguas profundas de hasta 700 metros. Durante el día suelen resguardarse en cuevas y por la noche suben hacia la superficie en busca de presas, que suelen ser otros peces.

La revista Current Biology ha dedicado su portada a esta investigación. La fotografía la tomó Hans Fricke, a bordo del JAGO cerca de Itzounsou, en Grande Comore. Podéis apreciar perfectamente las aletas tan parecidas a patas.

(Foto: Hans Fricke)

(Foto: Hans Fricke)

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El tiburón cíclope

(Foto: reefbuilders.com)

No es un muñeco diseñado para una película de ciencia ficción, es un animal real. Es un tiburón con un solo ojo y albino, una rareza de la naturaleza que probablemente no habría vivido mucho tiempo.

Lo capturó a finales de junio el pescador Enrique Lucero León sin saberlo. El cazó a su madre, un ejemplar oscuro y sano de tiburón toro (Carcharhinus leucas) en la limpias aguas de la isla Cerralvo, en el golfo de California. Era una hembra de unos 3 metros y estaba preñada. Abrió el animal y encontró en su interior a nueve pequeños tiburones. Entre ellos destacaba uno, blanco, con un solo ojo en medio de la frente y más pequeño que los demás, de poco más de 55 centímetros.

El pequeño tiburón cíclope no tenía fosas nasales, pero sus agallas estaban bien formadas, su morro estaba deformado y su columna vertebral también. Los biólogos Felipe Galván-Magaña y Marcela Bejarano-Álvarez, del Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas de La Paz (México) han analizado a este extraño ser que parece sacado de un cuento y pronto publicarán un estudio.

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