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Europa y Rusia, rumbo a Marte a todo gas

La primera misión europea a Marte, Exomars 2016, ya está rumbo al planeta rojo. Llegará a mediados de octubre a la órbita marciana, desde donde enviará un módulo a la superficie, armado de herramientas con las que olisqueará la atmósfera y fotografiará el lugar. Mientras, en la distancia, el orbitador tratará de desvelar si el metano de la atmosfera marciana está producido por seres vivos.

La nave partió el lunes del cosmódromo kazajo de Baikonur. Doce horas después del lanzamiento llegó la señal que confirmaba que estaba en buen estado y había desplegado sus paneles solares, con los que alcanza una envergadura de 17,5 metros.

Dentro de siete meses, el aterrizador –llamado Schiaparelli en honor al astrónomo italiano del siglo XIX– de 2,4 metros de largo y poco más de metro y medio de altura y 600 kg, descenderá hasta el Meridiani Planum, cerca de donde se encuentra el rover de la NASA Opportunity. Mientras baja, la nave principal (ExoMars TGO) transmitirá las imágenes de la hazaña desde una órbita a 900.000 km.

Los científicos ultimando el módulo Schiaparelli En Baikonur (Foto: ESA - B. Bethge)

Los científicos ultimando el módulo Schiaparelli En Baikonur (Foto: ESA – B. Bethge)

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Reaparece el cometa más perseguido

¡Ha reaparecido! El cometa Churyumov-Gerasimenko está de nuevo visible para los telescopios. No se veía desde octubre, cuando se metió detrás del Sol. Esta es la primera imagen de su regreso, tomada el 28 de febrero por científicos del Observatorio Austral Europeo (ESO) y del Instituto Max Plank.

Churyumov Gerasimenko No es una foto muy nítida (está tomada a 740 millones de kilómetros) pero se puede apreciar el vapor que empieza a salir de su núcleo, que pronto formará la cola, porque se está acercando al Sol. Sigue leyendo

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Los cuevanautas descubren un nuevo animal

Colocar un cebo de olor  intenso, a base de hígado y queso podrido, en el fondo de una cueva subterránea y esperar cuatro días. Es el método que ha usado un grupo de astronautas para descubrir una nueva especie.

¿Y qué hace un astronauta en una cueva subterránea en vez de en las alturas espaciales? Entrenar. Deben aprender a trabajar en equipo en ambientes extremos y una cueva es el escenario ideal para poner al límite su físico y su mente. Allí el ambiente es húmedo, oscuro y asfixiante. No hay luz, el día y la noche se confunden, la temperatura es constante, no hay variaciones climáticas, lo que hace el paso del tiempo muy pesado y monótono y esto genera un ambiente opresor.

En ese entorno, cada año un grupo permanece durante una semana. Se enfrentan a situaciones desconocidas y aprenden a reaccionar con soltura y eficacia, a pesar de tener pocos víveres, poco espacio, poca intimidad y tecnología limitada. En septiembre astronautas de la Agencia Espacial Europea, la estadounidense (NASA), la rusa (Roscosmos) y la japonesa (JAXA) se han adentrado en las profundidades del sistema de cuevas del Valle de Lanaitho, en la isla italiana Cerdeña.

Cuevanautas 2012 (Foto: ESA – V. Crobu)

Cuevanautas 2012 (Foto: ESA – V. Crobu)

Los cuevanautas han accedido a lugares del entramado de cuevas nunca antes explorado y han tomado muestras en busca de bacterias exóticas y pequeños invertebrados, muestras geológicas y de agua. Los dos últimos días de expedición, ya fuera de la cueva, los han dedicado a analizar estas muestras, realizar los informes finales y a hacer balance de los resultados.

Entre las muestras recogidas de uno de los charcos han encontrado al pequeño nuevo ser vivo para la ciencia. Es una nueva especie de cochinilla de 8 milímetros de longitud. “Este descubrimiento es muy importante, porque se pensaba que las únicas cochinillas acuáticas conocidas eran las formas primitivas a partir de las que habían evolucionado las cochinillas terrestres”, ha explicado Loredana Bessone, diseñadora del curso de entrenamiento y responsable del proyecto.

“Ahora está claro que estos animales han evolucionado para volver a vivir en el agua”, añade el especialista en estos animales Stefano Taiti. “Este descubrimiento también confirma la teoría de que la evolución no es un proceso unidireccional; las especies pueden evolucionar para volver a vivir en hábitats que habían abandonado”.

Cochinilla acuática (Foto: ESA–M. Fincke)

Cochinilla acuática (Foto: ESA–M. Fincke)

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