Archivo de la categoría: Dinosaurios

Pisando huellas de dinosaurio

Cae la tarde y la luz es tenue. Estamos en Colunga, en la costa de Asturias, camino de la playa La Griega. La ruta a pie paralela a la línea de playa es enredada y empinada. Los eucaliptos, que dominan el paisaje, se elevan largos contra el cielo. El suelo está cubierto de helechos color arcilla y pequeñas flores de colores. El aire húmedo, el olor salado y los colores de la vegetación circundante nos reactivan los sentidos.

Vamos en busca de icnitas, huellas fósiles de dinosaurio. En un momento dado, nos asomamos por la barandilla de madera que marca la senda y vemos a lo lejos dos huellas, gigantescas, hundidas en la roca gris oscura. Nos acercamos corriendo.

Icnitas en la playa de la Griega, en Asturias (Foto: Rai Robledo)

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Un pequeño diplodocus se une a la gran familia

Este ser, de cara simpática, es un Kaatedocus siberi. Es la última especie descrita de dinosaurio saurópodo, los animales terrestres más grandes y pesados que han habitado la Tierra. Este medía 12 metros, pequeño en comparación con otros dinos de su familia, los diplodócidos, de los que se conocen cerca de una docena de miembros, y que en su mayoría podían superar los 25 metros. Vivió en el Jurásico hace unos 150 millones de años en lo que hoy es Wyoming en Estados Unidos. La historia de su descubrimiento deja constancia de la fascinación que despiertan en nosotros estos seres del pasado.

Cabeza de Kaatedocus siberi (Imagen: Davide Bonadonna)

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Dinosaurios, ¿de sangre fría o caliente?

Si los dinosaurios eran de sangre caliente o fría es uno de los grandes enigmas de la paleontología. Los animales ectotérmicos o de sangre fría necesitan calor del exterior para mantener su calor corporal constante. Los reptiles lo son. Es clásico el ejemplo de la imagen de una lagartija tomando el sol con el cuerpo estirado sobre una piedra para recoger energía solar. Los peces también son ectotérmicos y para encontrar frío o calor según las necesidades cambian de profundidad. Cuanto más hondo, más fresquito. Por su parte, los animales homeotérmicos o de sangre caliente, como los mamíferos (incluidos nosotros) y las aves, mantenemos la temperatura corporal constante sin ayuda del exterior.

Titanosaurio paseando por el primitivo Pirineo hace 70 millones de años (Imagen: Oscar Sanisidro)

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