Repelente de mosquitos ¿natural o sintético?

En pleno verano, cuando los mosquitos están más hambrientos que el resto del año, echamos mano de los repelentes para protegernos de sus picaduras. De igual manera si vamos a viajar a países tropicales donde los mosquitos pueden contagiar enfermedades infecciosas como el dengue, zika o malaria, entre otros. ¿Qué repelente debemos elegir? ¿Son los remedios caseros a base de aceites de planta efectivos? Os cuento algunas claves.

Aedes (Stegomyia) albopictus (Foto: coniferconifer)

Aedes (Stegomyia) albopictus (Foto:
coniferconifer)

Los repelentes naturales son una mezcla de aceites esenciales de plantas, como el eucaliptus (Eucalyptus citriodora) o la hierba citronela (Cymbopogon citratus), que incluyen en su composición moléculas que despistan a los mosquitos. Algunas son el geraniol y el citronelol. Son compuestos químicos que tienen aroma a limón y por eso son también usados habitualmente como ingrediente de productos cosméticos. Su eficacia es bastante limitada cuando la concentración de las moléculas repelentes es baja. En general los repelentes basados en citronela con 1-2% protegen durante menos de una hora. Los basados en eucalipto se pueden encontrar en altas concentraciones, superiores al 40%, por lo que son eficaces. Estos últimos no son recomendables en niños menores de 3 años.

Los repelentes sintéticos se inventaron tras la II Guerra Mundial en Estados Unidos. El DEET nació en un laboratorio y su uso se extendió a gran escala a partir de 1954. Es eficaz contra mosquitos, moscas y garrapatas. A pesar de su éxito de ventas este repelente tiene algunos inconvenientes. Este compuesto disuelve los plásticos y barnices, de tal manera que puede estropear los objetos que toca hechos de esos materiales, como las gafas, ropa, correas de relojes. Su uso en niños y embarazadas está restringido a dosis bajas. La máxima recomendable es de 10%, lo que equivale a tan solo dos horas de protección. Además su olor es desagradable y su textura pegajosa.

Hoy en día existe otra molécula que no tiene las desventajas del DEET. Es la icaridina o picaridina. Se sintetizó en la década de los noventa a partir de una molécula que da su picor característico a la pimienta negra, la piperidina. Esta nueva molécula se puede aplicar a niños y embarazadas. Es incolora, no huele y no es solvente de plásticos. Con un 20% de concentración protege durante ocho horas.

Otra sustancia que se suele usar es el IR3535. Protege contra los mosquitos pero no está demostrado que sea eficaz contra el anopheles, que transmite malaria. También disuelve plásticos, aunque en menor medida que el DEET. El PMD, la versión sintética del aceite de eucaliptus, es otra opción.

Los repelentes comercializados en forma de pulseras impregnadas de DEET o citronela, a distintas concentraciones, no tienen eficacia alguna a partir de los 4 centímetros de distancia desde la pulsera.


A la hora de usar cualquier tipo de repelente hay que seguir las recomendaciones que aparecen en la etiqueta del producto. No hay que aplicarlo sobre heridas y mucosas. Hay que usarlo solo sobre la piel que está expuesta al aire, no aquella que está cubierta por ropa. Hay que rociarlo sobre las manos y con ellas extenderlo por las zonas necesarias. Si se usa en niños no hay que echarlo en sus manos porque tienden a chupárselas. El repelente es el último producto que hay que aplicar tras la rutina diaria de aseo.


Aquí os cuento mi experiencia al usar un repelente a base de aceites esenciales en comparación con uno sintético con icaridina:

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