Muere por gorda la tortuga gigante Pepe, el Misionero

El sobrepeso acabó con la vida de la tortuga gigante Pepe, El Misionero uno de los ejemplares emblemáticos de las Islas Galápagos. Murió en el Centro de Interpretación del Parque, donde llegó en septiembre de 2012 gordo y malacostumbrado a comer golosinas. El director del parque se apenaba por su fallecimiento:

Los expertos del centro lo pusieron a dieta nada más llegar. Comía otoy tres veces por semana y cactus dos veces al mes. A pesar de la dieta para bajar peso, los cuidadores siguieron dándole alguna que otra fruta, que no debía comer, como plátano, zanahoria y papaya. “Durante todos los años que pasó fuera de su hábitat natural comió las cosas más variadas, muchas de ellas inadecuadas, por lo que ahora no es fácil habituarle a seguir la dieta normal para una tortuga”, explicaban.

Foto: EFE /José JácomePepe El MisioneroFotos: EFE

En principio se creía que Pepe tenía entre 60 y 70 años de edad, pero tras realizarle la autopsia se ha comprobado que era más viejo y rondaba los 100 añazos.

La historia del origen de Pepe El Misionero es peculiar. En la década de 1940 unos pescadores lo encontraron en algún lugar del archipiélago y se lo regalaron a una familia de la isla de San Cristóbal, los Agama. Por aquellas los lugareños tenían tortugas gigantes como quien tiene un perro.

En 1959, con la creación del parque natural, se prohibió tener galápagos en los hogares, pero los Agama hicieron oídos sordos y siguieron disfrutando de su quelonio hasta que en 1967 decidieron entregarlo a la misión franciscana de San Cristóbal. Con el permiso de las autoridades del parque, permaneció con los religiosos hasta hace dos años, cuando por motivos de salud, se decidió su traslado al Centro de Interpretación en la isla San Cristobal.

Durante años se asumió que Pepe era un híbrido y que procedía del norte de San Cristóbal hasta que en 2012 los científicos del parque le efectuaron análisis genéticos y para su sorpresa concluyeron que proviene de la zona de Piedras Blancas, en la vecina isla Isabela, y que no era un híbrido, sino un ejemplar puro perteneciente a la subespecie Chelonoides becki.
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