La soledad del urogallo loco

Los urogallos se caracterizan por ser muy esquivos. Viven escondidos en los bosques densos de montaña. Sin embargo, quedan tan pocos, están tan solos, que en los últimos años bajan a los pueblos a visitar humanos. Hace unos días apareció una hembra paseando con la cabeza alta por las calles de Aramunt, un pueblo del pirineo leridano. Inolvidable también fue aquella primavera en la que el macho Mansín decidió exhibir su plumaje y sus bailes ante los perplejos habitantes de Tarna, en Asturias, en busca de algún ser al que cortejar.

mansindosLa hembra de Aramunt se ha comportado de manera tan sociable como Mansín. Según informa EFE, el Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca, Alimentación y Medio Natural de la Generalitat ha explicado que el hallazgo es muy inusual porque esta zona no es propia del urogallo y el área geográfica más próxima donde se encuentra esta especie está situada a más de veinte kilómetros. La urogallo caminó y revoloteó un gran camino hasta encontrar el pueblo. Tras varias horas paseando ufana y a la vez desconcertada, los Agentes Rurales y técnicos de la Generalitat decidieron capturarla y trasladarla a un bosque para evitar una muerte trágica, por atropello o bajo las fauces de un depredador, como sucedió en 2008 con el otro urogallo con ansias de compañía.

Mansín era un macho con un hermoso plumaje negro azabache, con toques blanco y marrón y unas pinceladas rojas intensas sobre los ojos. Vivía en el parque natural de Redes, en Asturias. Tenía tres años cuando llegó al pueblo ardiendo en deseos de encontrar la compañía de una hembra.

En primavera, cuando estaba en plena época de celo, ante la ausencia de compañeras, abandonó su refugio y se acercó a las calles de Tarna. Los lugareños observaban mientras discurría su rutina diaria cómo el animal desplegaba y erguía su cola, dejaba caer las alas y emitía su curioso canto. Unos meses después, tanta exhibición llamó la atención de quien no correspondía: un perro del pueblo lo mató.

(Foto: Manuel Suárez Calvo)

Foto: Luis Robles

Macho y hembra (Fotos: Manuel Suárez Calvo y Luis Robles)

En España existen dos subespecies de urogallo, la pirenaica (aquitanicus), a la que pertenece la hembra de Aramunt, y la cantábrica (cantabricus), como Mansín. Está prohibida su caza desde 1979 y desde 1986 se considera especie protegida. Aun así, la población de urogallo cae en picado. Tan solo quedan poco más de 500 ejemplares en todo el Pirineo, un lugar donde antaño abundaba y unos 250 machos en el cantábrico. Es más, la población es tan baja que quizá sea imposible obtener suficiente variabilidad genética como para que prosperen de forma saludable. Por este motivo, los urogallos que se mezclan con humanos son ya considerados los primeros locos.

Hoy en Cantabria los urogallos habitan tan solo los bosques de roble de Asturias, los pinares y abedulares de León, y los acebales y hayedos de Cantabria. Los humanos nos hemos instalado en gran parte de su hábitat, hemos construido carreteras en las laderas arboladas donde le gusta vivir y hemos desequilibrado el bosque atlántico introduciendo más venados de los que había. El urogallo es básicamente vegetariano y tiene que competir con los ciervos por la comida. A todos estos peligros hay que sumar la vulnerabilidad natural de esta gallinácea: tan solo el 20% de sus crías sale adelante.

Hace unos días se reunían los comités científico y de cría del proyecto LIFE+ Urogallo cantábrico bajo la coordinación de la Fundación Biodiversidad del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente para ponerse al día sobre los avances en la conservación de este gallo de los bosques y discutir sobre cómo mejorar la estrategia. Mientras tanto los urogallos se buscan unos a otros en los cantaderos durante la primavera, los lugares donde se aparean. Cuando el eco les responde, algunos, los locos, siguen buscando más allá de los límites del bosque.

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