Reaparece el unicornio asiático

Por primera vez en este siglo se ha visto un saolá. Es tan raro ver uno que recibe el apodo del unicornio asiático. Los afortunados han sido naturalistas del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) de Vietnam, que han capturado una imagen del escurridizo animal con una cámara sensible al movimiento. No se veía uno en estado salvaje desde 1998.

“Cuando vimos la foto por primera vez no podíamos creerlo. El saolá es el santo grial de los conservacionistas del sudeste asiático”, explica el doctor Van Ngoc Thinh, director de la división de la organización. “Nos emocionamos mucho”, añade. Y eso que en la instantánea se ve de refilón.

saola_cameratrapEl saolá es un animal muy tímido que solo vive en los bosques húmedos de la cordillera Anamita, situada entre Vietnam y Laos. Tan discreto es que a pesar de su casi metro de altura y 90 kilos de peso, y lucir dos largos cuernos, paralelos y afilados de hasta medio metro de longitud, no fue descubierto hasta 1992. Un equipo de zoólogos de la organización conservacionista estaba recorriendo la zona cuando se topó con uno de estos magníficos antílopes. Había estado allí oculto, en la densa vegetación, desde el Pleistoceno. Era el primer mamífero que se descubría en 50 años.

Foto: William Robichaud / WWF

Hembra capturada en los noventa (Foto: William Robichaud / WWF)

Desde entonces, su vida ha sido una sucesión de penurias. Cuando fue descubierto se estimó que existían unos mil ejemplares distribuidos por las colinas del centro de Vietnam y Laos. Unos años después su número había disminuido a menos de 300. Ahora se cree que tan solo quedan unas decenas.

Los saolás están muriendo atrapados por cepos ilegales. Las ciudades cercanas a los bosques que habitan viven de la carne de animales silvestres. Una vez descubierto el saolá este empezó a ser una opción más. Poco después, su caza se disparó porque la medicina tradicional china atribuyó propiedades curativas a las prominentes glándulas que tiene delante de los ojos. El saolá se vendía caro.

Foto: William Robichaud /WWF

Patrullero de un parque muestra los cepos ilegales que ha retirado (Foto: William Robichaud /WWF)

Los científicos vietnamitas quisieron recuperar la especie. Para iniciar su estudio y reproducción en cautividad capturaron 20 ejemplares. Pero los saolás morían a las pocas semanas ante la mirada impotente de los cuidadores. Los dos últimos fueron liberados precipitadamente antes de que se cumpliera su fatal destino.

Así, la perspectiva de vida del ungulado era tan negra que los científicos vietnamitas, a la desesperada, decidieron clonarlo. Desecharon la idea cuando asumieron que jamás podría tener éxito sin información sobre el ciclo reproductivo del delicado animal. Ni siquiera sabían cuánto duraba su embarazo. La carrera hacia su extinción estaba siendo tan rápida que no les había dado tiempo a averiguarlo.

Cría saolá (Foto: David Hulse / WWF)

Cría de pocos meses (Foto: David Hulse / WWF)

Hoy en día el gobierno vietnamita trata de evitar la extinción del saolá con métodos tradicionales, como vigilar el territorio que habita, la creación nuevas reservas naturales y pasillos verdes para unir los parches de territorio -separados por cultivos, carreteras o hidroeléctricas- y buscar formas de subsistencia distintas a las caza para las poblaciones que viven en las cercanías de las reservas. Por el momento, el saolá, quién sabe si para darnos su visto bueno, ha asomado la cabeza desde las profundidades del denso bosque vietnamita.

Hábitat del saolá (Foto: Jeremy Holden/WWF)

Bosques húmedos donde vive el unicornio asiático (Foto: Jeremy Holden/WWF)

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