Dos versiones del hallazgo de las pinturas rupestres de Tito Bustillo

Parece un existencialista francés. O un mod británico de los sesenta. Nadie diría que es un chaval de la España franquista aficionado a la espeleología, Celestino Fernández Bustillo, uno de los descubridores de uno de los mayores tesoros rupestres del mundo, la cueva que hoy lleva su nombre, Tito Bustillo, en Asturias.

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Sucedió el 11 de abril de 1968, cuando el jovencísimo Tito de 18 años y sus compañeros del grupo de montaña Torreblanca descendieron por una pequeña sima conocida como Pozu´l Ramu en el macizo de Ardines. Nunca imaginaron que allí encontrarían dibujos hechos por hombres que vivieron hace 30.000 años.

Unos días más tarde el diario ABC se hacía eco del hallazgo y enviaba a dos de sus periodistas a verlo con sus propios ojos. Pronto, el descubrimiento traspasaba las fronteras y reporteros de la BBC, el servicio de comunicación público británico, y de la revista francesa Paris Match, entre otros, escribían sobre ello.

La cortés y educada versión oficial del descubrimiento la recogía la revista Blanco y Negro en una crónica de una visita a la cueva, pocos meses antes de su apertura al público en 1969:

“Después de descolgarse hasta el fondo y transitar por varios pasadizos y galerías, los espeleólogos llegaron a un punto en el cual se le apagó su carburo a Celestino Fernández Bustillo. “Tito” para todos, estudiante de preu y enamorado de las altitudes montañeras y las profundidades subterráneas.

Se detuvo, hizo un pequeño movimiento para requerir su caja de cerillas, cambio ligeramente su posición, encendió un fósforo, aplicó su llamita liliputiense en contraste con aquella oquedad inmensa y, al encenderse la lámpara de nuevo, la luz se derramó sobre un paredón que no había advertido antes. Lo que vio le dejó confundido y suspenso. “¡Son pintura, son pinturas!”, gritó a sus compañeros”

Pero la verdadera historia del descubrimiento de las pinturas tiene algunas -no precisamente sutiles- diferencias. Otro de los componentes del grupo de jóvenes espeleólogos, Jesús Manuel Fernández Malvárez, explicaba cómo fue en 2008 al periódico La Voz de Asturias:

“Caía bastante agua y vimos que poco más allá se acababa la cueva. Teníamos hambre y estábamos de barro hasta las cejas, así que nos sentamos y sacamos los bocadillos. Adolfo se separó del grupo y se acercó a una covacha para hacer sus necesidades. Entonces vio unas manchas en la pared. Nos avisó a voces, pero no le hacíamos caso porque normalmente no hay pinturas a esa profundidad. Pensamos que nos tomaba el pelo, pero insistía, y fuimos acercándonos”.

Tito murió pocos meses después en un fatal accidente al salir de otra cueva que acababa de explorar. Se asomó, resbaló y se golpeó la nuca. Su recuerdo ahora es inmortal y acompaña el de aquellos hombres y mujeres primitivos que pasearon y decoraron los pasadizos y bóvedas subterráneas de la cueva que descubrió.

En la imagen: grupo de investigación Torreblanca formado por Ruperto Álvarez Romero, Eloísa Fernández Bustillo, Celestino Fernández Bustillo, María Pía Posada Miranda, Pilar González Salas, Adolfo Inda Sanjuan, Fernando López Marcos, Jesús Manuel Fernández Malvárez y Elías Pedro Ramos Cabrero (Cortesía de Memoria Digital de Asturias)

 

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3 pensamientos en “Dos versiones del hallazgo de las pinturas rupestres de Tito Bustillo

  1. Cuarzo Froi

    La estupidez de la sutil moralina de la censura, es digna de una secuencia de las variadas series de Disney. Me gusta, la segunda versión, la autentica, la verdadera. Froi (el falso)

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  2. Eloísa

    Como descubridora de la cueva tengo que decir que las dos versiones son verdad. Primero Adolfo Inda, en una pequeña gatera, descubrió las pinturas de lo que hoy se conoce como el Camarín de la Vulvas y efectivamente nos llamó y poco a poco fuimos subiendo todos a verlas. A continuación, y siguiendo con la exploración de la cueva, al intentar Tito encender su carburo descubrió la cabeza de caballo que ahora se reproduce en el logotipo y el gran mural de pinturas. Al igual que antes hizo Adolfo, Tito, y Fernando Marcos que estaba con él, nos llamaron y fuimos todos corriendo para verlas. Ni moralinas ni nada, los periodistas escriben lo que les apetece o lo que han oído y los demás opinan posiblemente sin tener la necesaria información. Como muestra, en este mismo artículo, se insinúa que los primeros periodistas que entraron a la cueva fueron los de ABC pero no dicen que la foto de grupo que aquí aparece, tomada dos días más tarde del descubrimiento, está tomada por Velez, que junto con Avello fueron los dos primeros periodistas que entraron a la cueva y que eran de la Nueva España.
    Igualmente, en esa foto aparecen, como si estuvieran en la foto, los nombres de los 10 descubridores, pero en la foto solo hay 7, y quien puso ese pie de foto ni se enteró.

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