Un pequeño diplodocus se une a la gran familia

Este ser, de cara simpática, es un Kaatedocus siberi. Es la última especie descrita de dinosaurio saurópodo, los animales terrestres más grandes y pesados que han habitado la Tierra. Este medía 12 metros, pequeño en comparación con otros dinos de su familia, los diplodócidos, de los que se conocen cerca de una docena de miembros, y que en su mayoría podían superar los 25 metros. Vivió en el Jurásico hace unos 150 millones de años en lo que hoy es Wyoming en Estados Unidos. La historia de su descubrimiento deja constancia de la fascinación que despiertan en nosotros estos seres del pasado.

Cabeza de Kaatedocus siberi (Imagen: Davide Bonadonna)

(Imagen: Davide Bonadonna)

En los años treinta del siglo pasado, el famoso cazador de fósiles Barnum Brown viajó a Wyoming, en representación del Museo de Historia Natural de Nueva York, en busca de fósiles. En concreto fue a la formación Morrison, un afloramiento de rocas del Jurásico, plagadas de restos de dinosaurios atrapados. El lugar es tan rico en este preciado material paleontológico que en tan solo un año su equipo recolectó cerca de 2500 huesos de varios tipos de dinosaurios. Parte de esta colección se puede ver hoy en el museo, pero poca ha sido estudiada por científicos.

En 1990, el suizo Hans-Jakob Kirby Siber visitó el lugar y aquel yacimiento, lejos de haberse agotado estaba rebosante de restos fósiles. Había tantos, que en dos años había adquirido una colección tan amplia como para abrir el museo Saurier fo Aathal.

Entre los primeros visitantes del recién inaugurado museo estaba Emanuel Tschopp un niño de 10 años, que quedó fascinado por estos seres del pasado. Hoy tiene 30 años, es paleontólogo y está estudiando el doctorado en la Facultad de Ciencia y Tecnología de la Universidad de Lisboa. Su tutor es Octavio Mateus, joven y reputado paleontólogo portugués, que ha descrito varios géneros y especies de dinosaurios, entre ellos el gigante angoleño.

Siber y Tschopp

Siber (drcha.) y Tschopp (izqda.) con el Kaatedocus. Abajo con Mateus:

Tschopp (izqda.) y Mateus (drcha.) con el cráneo de Kaatedocus

Juntos han estudiado los restos -un cráneo y cuello en excelente condiciones de conservación- de uno de los ejemplares desenterrados por el equipo de Siber en 1991, el director del museo que despertó definitivamente a Tschopp el amor por los dinosaurios. Resultó ser esta especie desconocida por la ciencia. El estudio detallado lo ha publicado hace unos días la revista Journal of Systematic Palaeontology.

El nombre del nuevo dinosaurio tiene su explicación etimológica. Keetedocus quiere decir diplodocus pequeño. Kaate es un diminutivo en la lengua de los indios Cuervo, cuyo territorio histórico corresponde a la zona donde fueron hallados los restos. Siberi hace referencia al apellido del su descubridor. Y así el círculo se cierra.

Kaatedocus siberi (Imagen: Davide Bonadonna)

Reconstrucción de la muerte del ejemplar (Imagen: Davide Bonadonna)

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