Ham, el primer astronauta chimpancé

Ham, de vuelta a la Tierra. (Foto: NASA)

Ham, recién llegado a la Tierra, dando a la mano a uno de los trabajadores de la misión. (Foto: NASA)

Hace medio siglo, el 31 de enero de 1961, Estados Unidos en pleno fervor por ganar la carrera espacial, enviaba su primer pasajero fuera de la Tierra. Medía poco más de un metro de altura, era peludo y muy paciente. Se llamaba Ham y era un chimpancé.

Dos meses y medio después, los soviéticos les sacaron una ventaja bestial. Hacían historia enviando al primer hombre al espacio exterior. Yuri Gagarin orbitaba la Tierra más de una hora en la pequeña cápsula Vostok.

A pesar de ello, el chimpancé Ham (o Jamón en español), siempre será inolvidable. El nombre, en realidad, es el acrónimo en inglés de las siglas del laboratorio donde fue entrenado, el Centro Hollomans’ Aero Medical. Llegó allí desde Camerún, donde las Fuerzas Aéreas estadounidenses lo compraron cuando tenía dos años por 47 dólares.

Ham no era el único chimpancé del programa. En el centro se entrenaban más simios para esta misión. En concreto cuatro hembras y un macho, además de Ham. La selección final estuvo reñida entre Ham y una hembra llamada Minnie. Pero Ham tenía tan buen humor y era tan vital que ganó a Minnie y tuvo el dudoso honor de convertirse en el primer ‘astrochimpancé’.

Vestido con un traje espacial a su medida, amarrado a una especie de sillita y con sensores que medían su ritmo cardiaco, su respiración y temperatura corporal, Ham orbitó durante 16 minutos la Tierra. La cápsula en la que viajaba, la ‘Mercury Redstone 2’ era minúscula. Prácticamente solo cabía él. El viaje transcurrió con algunas pequeñas incidencias que fueron solventadas con éxito. La cápsula cayó en el Océano Atlántico. Un barco la recogió. Cuando la abrieron el chimpancé estaba agotado por el terror que había sentido en algunos momentos, pero sano y salvo.

Dos años después de su hazaña en el espacio, Ham se retiró y fue acogido en el Zoo de Washington. En septiembre de 1980 se trasladó al Parque Zoológico de Carolina del Norte en Asheboro, donde falleció con 27 años en enero de 1983. El Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas se quedó con su esqueleto para estudiarlo. Hoy los huesos forman parte de la colección del Museo Nacional de la Salud y Medicina, en Washington DC.

Los demás restos mortales de Ham se encuentran en el Museo de la Historia del Espacio (mapa para encontrar la tumba), en Nuevo México. Junto a él se enterró en 1998 a Minnie. Murió a los 41 años tras dar a luz nueve pequeños chimpancés. Fue el último de los astrochimpancés en morir.

Ham entrenando. (Foto: NASA)

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11 pensamientos en “Ham, el primer astronauta chimpancé

  1. Buscador Radiocinquero

    Qué historia más bonita. Se merecen muchos brindis todos esos bichejos que nos hicieron avanzar. Aunque supongo que habrá quien lance exabruptos acerca de utilizar animales en experimentos humanos.

    Me inspira temor quien parece amar más a los animales que a un ser humano. Recordemos que los animales no tienen derechos porque no tienen ni deberes ni responsabilidades. No son humanos. Un chimpancé no puede ir a la cárcel.

    Pero estos artículos siempre despiertan al animalista iracundo.

    Besitos a todos.

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  2. Elena

    Ay cuanto me gusta Ham¡ como dice el buscador es una historia muy bonita,me gustan mucho los animales pero desde luego no se me olvida que lo son.ENHORABUENA AMERICA.

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  3. Antonio Urquiza

    El día 23 de enero, a raíz de un comentario que realice sobre el tema de tu coctel: GRAN SUBASTA DE RECUERDOS DEL ESPACIO, me prometiste escribir un post completo sobre Ham, HOY HAS CUMPLIDO TU PROMESA. Gracias. Lamento que Ham sufriese un estado de pánico durante los dieciséis minutos que duro el vuelo, pero las grandes gestas siempre exigen un tributo y el Mundo de la Ciencia, siempre tendrá al “primer astronauta chimpancé” en su recuerdo.

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  4. Ana

    Por desgracia hay experimentos mil veces peores que éste al que se ha sometido a Ham, yo no lo veo muy afectado en esa foto, será la adrenalina. Yo soy una de esos animalistas iracundos… A mí me inspira temor el que no reconoce derechos más que a los que son capaces de entenderlos.

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  5. F. Romero

    Creo que el ser humano en su ignorancia, se autoproclama el poder de otorgar derechos y obligaciones sobre las personas, los animales, los recursos, … pero en el fondo dadas sus limitaciones, sólo reconoce parte de la naturaleza de lo que define y su falta de completitud, no significa su inexistencia.
    En otras épocas NO se reconocían algunos derechos a las mujeres, a los negros, a los minusválidos, …
    aunque parezca mentira se ponía en duda su humanidad como se hace en las guerras con los enemigos, el deshumanizarlos justifica las atrocidades que se comenten, ya que como se suele decir “No hay peor ciego, que el que no quiere ver”,
    Por mi parte estoy de acuerdo con la experimentación con animales y hasta con humanos, pero es un comportamiento éticamente reprobable y no debemos de negar esta realidad. Los humanos no somos respetuosos con el medio y no se debe pervertir de manera torticera la realidad deformándola hasta que nos muestra lo que nos tranquiliza nuestra conciencia.
    Concretando, en este caso hacemos prevalecer nuestros intereses a los del chimpancé, es decir lo tratamos de manera indigna, por el supuesto beneficio que sacaremos de esta acción.

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  6. Yunni

    Como siempre yo trayendo el comentario serio y tranquilizador de disputas:

    “¡¿Los chimpancés fueron primero al espacio que nosotros? ¡Oh no, esto va a ser el planeta de los simios! ¡Son unos malditos, lo hicieron!!”

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  7. Buscador Radiocinquero

    El ser humano en su ignorancia hace vacunas, hospitales, internet, Google, aviones, trenes y calefacción. Cuestiones que siempre parecen superficiales a quien las tiene y no las aprecia.

    El ser humano en su ignorancia ayuda a muchos animales a que no se extingan. Qué sería de pandas y koalas sin el ser humano ignorante.

    Un animal no es responsable de sus actos y no sería juzgado en un tribunal, ni se le embargarían sus bienes, por lo tanto no se le puede pedir los mismos derechos a quien no tiene los mismos deberes. Entonces hagamos que mi gato conduzca el avión en que vais a ir de viaje este verano. ¿Os parece bien? No, mejor que mi perro os opere de cataratas. A ver a quién le exigís responsabilidad, la cual es un elemento indisociable de la libertad.

    Pues claro que tenemos derecho a decidir sobre los animales. De hecho, lo hacemos. Por eso vivimos en ciudades donde en los parques no hay osos ni tigres, porque los matamos para vivir nosotros.

    Intentad vivid en esa armonía cósmica buenista al lado de un oso gris. Ya veréis cómo se cachondea de vuestro ecologismo.

    Seguid pensando en que los animales son iguales. Encargadles que lleven vuestros trenes y que diseñen vuestras vacunas. Decídle esta historia buenista a los nativos africanos a quienes un elefante les destruye en 15 minutos la cosecha de 2 años. Vamos, id allí. Ya veréis cómo se ríe de vuestras fábulas de Walt Disney.

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  8. Buscador Radiocinquero

    CHRISTIAN KEYSERS
    Neuroscientist; Scientific Director, Neuroimaging Center, University Medical Center Groningen

    The Mirror Fallacy

    With the discovery of mirror neurons and similar systems in humans, neuroscience has shown us that when we see the actions, sensations and emotions of others, we activate brain regions as if we were doing similar actions, were touched in similar ways or made similar facial expressions. In short, our brain mirrors the states of the people we observe. Intuitively, we have the impression that while we mirror, we feel what is going on in the person we observe. We empathize with him or her.

    When the person we see has the exact same body and brain as we do, mirroring would tell us what the other feels. Whenever the other person is different in some relevant way, however, mirroring will mislead us. Imagine a masochist receiving a whiplash. Your mirror system might make you feel his pain — because you would feel pain in his stead. What he actually feels though is pleasure. You committed the mirror fallacy of incorrectly feeling that he would have felt what you would have felt — not what he actually felt.

    The world is full of such fallacies: we feel dolphins are happy just because their face resembles ours while we smile or we attribute pain to robots in sci-fi movies. We feel an audience is Japan failed to like a presentation we gave because their poise would be our boredom. Labeling them, and realizing that the way we interpret the social world is through projection might help us reappraise these situations and beware.

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  9. F. Romero

    A los animales cuando son peligrosos o se tiene la sospecha de que lo son, o se les encierra o se les mata, es decir “”no”” se les hace juicio, pero si se les condena.
    No crítico lo que se hace, pero creo que es mejor aceptar la realidad que intentar engañarnos o huir hacia el sin sentido.
    La convivencia con el medio es simplemente respetar en la medida de lo posible los elementos que lo forman, sin necesidad de establecer, mejores o peores, necesarios e innecesarios, etc. La biodiversidad es un gran bien que nos aporta muchísimos elementos para que podamos utilizarlos en nuestro beneficio.
    Parece que no gusta lo de llamar ignorante al ser humano, pues bien lo repetiré de otra manera “Hay dos cosas infinitas : el Universo y la estupidez humana. Y no estoy seguro de la primera (A. Einstein)”

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  10. noemi

    me parece bien que se avance en la vida umana pero eso no se innifica que debamos maltratar a otros seres vivos pues es verdad que no son como nosotros por que no tienen sentido comun pero si tien sentimientos y sufren si les aces daño pues como pone en el articulo estaba asustado. y para mi eso no es avance sientifico es maltrato animal

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