Richard Henry, el kakapo legendario

Kakapo caminando (Foto: Mark Kawardine/naturepl.com)

Kakapo caminando (Foto: Mark Kawardine/naturepl.com)

Richard Henry es un kakapo legendario. Murió en diciembre de 2010 a los 80 años, pero las autoridades neozelandesas no lo anunciaron hasta el 13 de enero de este año.

Fue descubierto en 1975, en Fiordland, en la isla Sur, en Nueva Zelanda. Es uno de los lugares más húmedos del planeta (llueve unas media de 8.000 milímetros al año). A más de mil metros de altitud, en las verticales paredes del valle Gulliver, pasaba los días Richard. Era el único kakapo de la isla. Y en ese momento se pensó que era el único del mundo.

Los kakapos son los loros más raros del mundo. Dicen que huelen a flores y miel. Son verdes y no vuelan, por eso pueden permitirse con sus 60 centímetros acumular bastante grasa en su cuerpo y alcanzar los 4 kilos de peso.

Son de hábitos nocturnos. Precisamente por eso se llaman kakapo, que significa ‘loro nocturno’ en lenguaje maorí. Y son muy longevos para un ave: suelen alcanzar los 60 años. Richard fue todo un portento alargando su existencia hasta los 80.

Kakapo (Ilustración del libro "Birds of New Zealand" de Walter Lawry Buller)

Kakapo (Ilustración del libro “Birds of New Zealand” de Walter Lawry Buller)

Los antepasados de estos loros volaban. Cuando se instalaron en las islas hace millones de años dejaron de usar las alas porque no las necesitaban ya que no había depredadores, solo la enorme y ya extinguida águila de Haast de 3 metros de envergadura, a la que daba esquinazo escondiéndose en los arbustos.

Así que el loro evolucionó hacia el actual y rechoncho kakapo. Sus plumas tampoco son hoy en día aptas para el vuelo. Ahora son más parecidas al plumón propio de las crías. Les sirven para resguardarse del frío.

Su cara también es muy particular. Tiene bigotes. Le sirven para tantear el terreno cuando recorre con su pico el suelo en busca de comida. Y además su rostro es redondo y mofletudo. Las plumas están dispuestas de tal forma que acentúan ese aspecto. Tanto es así que los colonos europeos lo llamaban ‘loro lechuza’ porque su cara les recordaba a este otro ave.

Los kakapos están en serio peligro de extinción. La causa del declive del loro somos los hombres. Cuando los colonos llegaron a Nueva Zelanda trajeron consigo gatos, ratas, armiños y perros, que devoraron a los kakapos, tan fáciles de cazar. En poco tiempo la población de estos extraños loros quedó esquilmada y se dio por extinguida hasta que en 1975 se encontraron por casualidad algunos ejemplares. Richard Henry fue uno de ellos. Y se le bautizó con ese nombre en honor al primer conservacionista que trabajó para proteger a los kakapos.

Hoy tan solo viven 122 kakapos. En dos islas libres de depredadores, la isla Codfish y la Anchor. Está en marcha un programa de cría, en cautividad y en libertad, financiado por el gobierno neozelandés y que está funcionando.

(Foto:kakaporecovery.org.nz)

(Foto:kakaporecovery.org.nz)

Richard Henry estaba tan aislado en el valle que cantaba diferente a los kakapos de las otras islas hallados más tarde. Incluso su plumaje era ligeramente distinto. Richard era tan especial que los científicos se esmeraron en que se reprodujera. Y así en 1998 se ‘enamoró’ de la kakapo Flossie, con la que tuvo tres preciosos polluelos.

Todo un éxito, porque la reproducción de los kakapos es muy difícil, teniendo en cuenta que solo ponen unos ocho huevos, cada dos o cuatro años, que no todos los huevos son fértiles y que los kakapos no alcanzan la madurez sexual hasta los 11 años de vida.

La historia de Richard Henry ha inspirado ‘Río’, la última película de Dreamworks. Es la historia de Blu, un loro azul que es la mascota de una chica. Sin saberlo, es el último macho de su especie. Un científico lo localiza y quiere emparejarlo con la última hembra, que vive en su laboratorio en Brasil. El trailer es muy divertido.

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11 pensamientos en “Richard Henry, el kakapo legendario

  1. Jorge

    Ahora que me estoy fijando… ese Blu está también inspirado en el guacamayo de Spix que cito en el comentario anterior. Que, además, es originario de Brasil.

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  2. Buscador Radiocinquero

    Jo, el hombre siempre es culpable: rapiñador y arrasador. El caso es que no consigo sentirme culpable. Y mira que lo intento. Constantemente tengo la sensación de que cuando un animal mata es una expresión pura del lógico orden aritmético de la naturaleza.

    Pero el hombre es peste, hedor, destrucción, lluvia de fuego y terremoto con patas.

    Unos animales se extinguen, pero irán apareciendo otras especies adaptadas a los nuevos entornos. Como ocurre con las lenguas a las que ya se les da el estatus de especie viva en peligro. Mientras unas mueres, otras nacen. ¿Qué tiene eso de malo?

    Supongo que también tenemos la culpa de la desaparición de los dinosaurios. O casi.

    Besitos a todos.

    Ay, mucha culpa de golpe para una tarde de sábado.

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  3. Mariola

    Dado la edad de la muerte de Richard, creo que es notorio que se estudie su ADN, tal vez los científicos encuentren alguna pista para “elaborar una pócima de larga juventud”.
    ¿Si estos loros son tan longevos y obesos, porque no les afecta el colesterol?

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  4. Antonio Urquiza

    La aventura de la evolución exige ciertos esfuerzos para sobrevivir con seguridad, pero los ex-gráciles loritos “kakapos” se aficionaron a la buena vida y a la pereza; por ello la sabia naturaleza les pasa esta triste factura. Pero, gracias a la protección del hombre seguirán existiendo, tengamos fe. Verdad, América.

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  5. José Antonio Peñas

    Fascinante. Sabía que muchas especies neozelandesas de aves adoptaron hábitos similares a los de los mamíferos (en el caso del Kiwi incluso su aspecto es más de mamídero que de ave) pero no sabía que también una especie de loro había seguido ese camino.

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